miércoles, 8 de febrero de 2017

LOST IN TRANSLATION: COMPRAR ALGO LISTO PARA LA AUTO-DESTRUCCIÓN, por Bill Randall. (1 de 4)

Artículo de Bill Randall para The Comics Journal nº 249 (2002). Traducido por Frog2000.

PULP (Viz Communications) 

Pulp ha enfilado el mismo camino que el dodo. Esta antología mensual, que proviene del mismo imperio que Ranma 1/2 y Pokémon, se auto-denominaba como "la revista Manga para gente adulta" y en ella se serializaban una docena de series. Durante sus pocos años de vida ha demostrado de nuevo el viejo adagio de que las antologías nunca suelen funcionar demasiado bien en el mercado norteamericano, sin importar mucho lo bueno que sea el título. A menos que seas Drawn & Quaterly. O Blab. O Non. O SPX. O Super Manga Blast. Bueno, ningún formato de mesa de café, ni festivas antologías que no contengan Oh My Goddess! van a funcionar nunca, y Pulp no era ninguna excepción. Aunque por supuesto que ha logrado un montón de cosas durante su trayectoria. No todas han sido buenas, pero algunas fueron magníficas. 

A decir verdad, es probable que Pulp llevase programado el fracaso en su ADN desde un principio. De todas formas, si estas series hubiesen acabado siendo recogidas en tomos, la única razón para comprar una revista impresa lo más barata posible seguramente fuese porque se sufre alguna inclinación por el mecenazgo o de impaciencia aguda. Sin embargo, los editores de Pulp intentaron que su periodicidad mensual resultara necesaria mediante la inclusión de artículos y columnas regulares. El editor de Film Comment, Chuck Stephens, y el autor de Tokyoscope, Patrick Macias, contribuyeron con artículos sobre el cine japonés, Yuji Oniki escribía sobre música J-Pop y noise underground a la última, y Jason Thompson se ocupaba de las reseñas de manga. En uno de los números más recientes se incluía una "Guía de Mondo Tokyo" con pequeños y expresionistas artículos sobre los diferentes distritos de la enorme metrópolis. Los logros de los artículos de Pulp eran tan variados como sus contribuyentes. Por lo general solían funcionar como una excelente introducción de clichés bastante diversos, pero al ser tan breves, les impedía agregar mayor información de la que se podía encotrar disponible en otras partes. Por ejemplo, el excelente artículo de Stephens sobre Takashi Miike funcionaba mucho mejor como una anotación de la mayoría de artículos más largos sobre el inquietante autor que se pueden encontrar en otras revistas. Y como los artículos que valían la pena de los primeros años de Pulp fueron recopilados en el libro Fresh Pulp, la cadencia mensual se iba haciendo cada vez menos relevante. 

Por otro lado, los artículos daban a entender mucho más las intenciones de la editorial de la revista, ya que los mangas serializados variaban ampliamente de calidad y tono. Por otro lado, los artículos tenían cierta intencionalidad misionera, porque intentaban educar a los lectores acerca del vastísimo mundo de la cultura pop japonesa que Occidente aún no ha descubierto. Además, los textos se las arreglaban para que su lector sintiese cierta sensación de privilegio. Incluso aunque el artículo tratase sobre un tema tan habitual como las viejas películas de Godzilla, de alguna forma el diseño de página de la revista parecía implicar que nos encontrábamos ante algo especial. 

Parecía que uno de los objetivos principales de Pulp no era el manga en sí, sino crear una marca, y si el hecho de que pueda utilizar este término publicitario sin una definición clara en un contexto que no tiene nada que ver con la publicidad no te hace tener náuseas, entonces tengo guardado un cubo de cinco kilos de vómito en el cobertizo que te puedo ofrecer. El diseño de "revista Manga para gente adulta" del magazine enfatizaba más la atmósfera que el propio manga. Pero al comprarlo todos los meses, uno podía introducirse en un ambiente underground en el que solo los iniciados eran bienvenidos. Suscribirse era incluso mejor.

Esta estrategia juega en la misma liga en la que lo hacen las comunidades de fans. Conocer el pop desechable de otras culturas es similar a poseer un hechizo mágico listo para usar contra el conocimiento de otros. Me puedo imaginar lo que puede ser pasar de ser un minúsculo fan del anime a conocer Macross, luego Gundam y a continuación Votoms, convencido de que la sofisticación personal va incrementándose cada vez más. Si por ejemplo un día este fan llegase a conocer a un entusiasta seguidor de Zoids, podrá burlarse de él con total impunidad. Demonios, pero si a veces las cosas funcionan de la misma forma en la Universidad, la mayor comunidad de fans tercos e irritantes del mundo, donde los diferentes clanes de pensadores están todo el santo día haciendo de menos al resto. De hecho, el Ethan del "Rates of Exchange" de David Mazzuchelli lo clarificaba mucho mejor: "Bergman, claro, ¿pero has visto lo que hace Tarkovsky?" Lo he hecho, pero estoy seguro de que te encantará ilustrarme. 

Pulp utilizaba estos deseos generando todo un universo conceptual en sus páginas, un Japón mental. Desde que Europa se enamoró de este país en la Feria Mundial de París de 1867, cualquiera, desde Gilbert & Sulivan hasta Wiliam Gibson ha intentado romantizar el concepto de Japón como lugar exótico. En este sentido, sencillamente Pulp, y el fandom del manga en general, forman parte de una larga tradición. ¿Cuántos americanos necesitan saber donde está el bar favorito de Happy Ujihashi? No lo sé, pero este parece sugerir que seguramente sea mejor que el bar que está debajo de tu casa. Dudo que haya muchos lectores que puedan pasarse por Tokyo alguna vez, pero por lo menos tendrán a mano los Secretos Desconocidos más novedosos, "hip" y underground de la "escena" japonesa. Seguro que es un buen tema de conversación en un cocktail. "¿Sabes que la obra de los Boredoms ha sido superada por las disonantes travesuras de Omoide Hatoba?" "Cuántame más, viejo Chauncey".

Por cierto, mi intención no es etiquetar el aparato conceptual de Pulp de una forma tan singular. La mayoría de disciplinas artísticas suelen ser capaces de crear un estado mental en su receptor, normalmente a base de rituales como dejar una iluminación más tenue o haciendo sonar música relajante. Además, hace mucho tiempo, cuando me convertí en un fanático acrítico de anime y manga, mi respuesta habitual era parecida: hablar sobre la atmósfera, a veces más que sobre las mismas obras sobre las que intentaba escribir. La mitad de la diversión es buscar ese conocimiento, intercambiando vídeos bootleg con otros fans de los subtítulos, sintiéndome acogido por la red underground de degustadores. En el caso de Pulp, imitar todos esos mecanismos solo es marketing inteligente. Pero el marketing y el Arte habitan dos planos de la realidad completamente diferentes. Definitivamente, Pulp debería haber vivido o muerto con el manga como base principal donde apoyarse, en lugar del envoltorio.

(Continuará)