miércoles, 3 de enero de 2018

EL REGRESO DEL CABALLERO OSCURO, por Gene Phillips (1 de 2)

 Artículo de Gene Phillips para The Comics Journal 114 (1987). Traducido por Frog2000.

Frank Miller se ha referido a su proyecto como su "gran novela americana de superhéroes". Demuestre o no ser entretenida y tener sentido para todo el mundo, esta obra en cuatro partes se debería juzgar como un hito en el desarrollo de las técnicas necesarias para otorgar a cierto tipo de proyectos en el medio del cómic de las cualidades estéticas y estructurales de una novela, forzando al dibujo a hacer un triple salto para intentar compensar las restricciones del lenguaje heredadas por el medio. Debido a su complejidad parecida a la de un libro, "Dark Knight" se merece el mismo trato que una novela, lo que entre otras cosas significa que deberíamos formularnos principalmente dos cuestiones: ¿Es entretenida "Dark Knight"?, ¿tiene sentido esta obra? 

Para este crítico, la respuesta a la primera pregunta es ruidosamente afirmativa. Creo que es mejor juzgar el entretenimiento más básico fijándonos en las cualidades de su ideas filosóficas, pero mirando también si el ingenio del creador le anima a aplicar ciertas fórmulas literarias y los elementos peculiares de cada una. En esta área, el Caballero Oscuro de Frank Miller sobresale de muchas formas.

Irónicamente, el dibujo podría desagradar a un buen número de fans que no entienden la diferencia entre dibujos malos e inadecuados y dibujos que deliberadamente exageran o quitan hierro a ciertas partes de la anatomía humana. Sin embargo, este es un trabajo notablemente comprimido: en la obra no se malgasta ni una viñeta, cada escena es necesaria para la construcción de la estructura de la historia, incluso los procesos menos naturales ofrecen una sensación de naturalidad que no parece fingida.

Mi crítica más enconada del trabajo de Miller recae en que nunca había visto nada parecido a su descripción de un hombre musculoso, incluso teniendo en cuenta la exageración, como para poder acallar las bocas de sus detractores más acérrimos.
En ocasiones, el Líder Mutante, y a veces también Batman, parecen tener los músculos en los sitios equivocados. Sin embargo, otros personajes son absolutamente convincentes, especialmente en el caso de Robin, cuyas posturas sugieren exuberancia juvenil junto con la incertidumbre ocasional. De forma parecida, Miller muestra una facilidad instintiva para reproducir un variado rango de expresiones humanas que van desde las miradas calculadamente llanas de las personas que aparecen en las noticias de televisión (que sirven para hacer que transcurran grandes porciones de las escenas expositivas de la obra), a la angustia en los ojos de James Gordon mientras piensa en los innumerables y desalentadores crímenes que está siendo obligado a ser testigo y su efecto en la forma de afrontar la vida de la gente. Desde el perverso, casi sexual júbilo de la cara de Abner mientras trata de estrangular a Robin hasta la poco habitual expresión de fiereza defensiva de Superman mientras acuna en sus brazos al supuestamente protagonista muerto, gritando un áspero: "¡No lo toquéis!". 

Algunos toques artísticos son sutilmente simbólicos: cuando Batman regresa al principio de la historia, lleva sus famoso traje moderno con el círculo amarillo bajo el emblema del murciélago en el pecho, pero según los eventos se van volviendo progresivamente más oscuros, "revierte" al uniforme con el emblema del murciélago sin círculo, lo que quizá signifique un regreso a una fase primitiva y socialmente inaceptable del personaje tal y como fue descrita por primera vez por Kane, Finger y Robinson. En la página 28 del segundo tomo, Miller se las ingenia para dar a entender que ha tenido lugar un diálogo entre Reagan y Superman sin mostrar a ninguno de los personajes. En la viñeta la vista del espectador tiene que recorrer una ondulada bandera estadounidense (un simbolismo de Reagan), con el emblema de la "S" de Superman superponiéndose gradualmente a las barras rojas y azules. El mismo Superman es frecuentemente mostrado como una figura negra y sombría con reflejos rojos, que le da un aspecto mucho más macabro e irreal que nunca, mientras que en el cuarto tomo la pérdida de su poder lo reduce casi a un esqueleto, aunque gradualmente "se rellene" "de nuevo cuando absorba las energías solares al igual que lo hace la vida vegetal. La batalla climática entre Batman y el Joker utiliza el simbolismo más sutil de forma similar. Mientras se enzarzan en el recinto de la feria y pelean en un laberinto de espejos y en el Túnel del Amor, Miller realza el extraño aspecto del Joker al vestirlo, no con sus ropas granate de siempre, sino con un traje blanco que enfatiza su palidez fantasmal y su pelo verde.
Hay otros momentos maravillosos (así como algunos otros fallos técnicos: ¿realmente logra el Líder Mutante limar sus dientes para que sean más largos que los dientes humanos?), pero el espacio no me permite dejar constancia. Solo puedo referir otro más: como nunca antes, aquí Miller es distintivamente Miller, habiendo sintetizado todas sus influencias eclécticas en un estilo exclusivamente propio. Uno puede ver las huellas artísticas de Eisner, Moebius, Kane, Krigstein, Kirby, Sienkiewicz (una fuerte influencia, tal y como atestigua la exagerada musculatura de Superman y Batman), pero este es Miller y nadie más.

El diálogo es sorprendentemente ofensivo y propio de cada personaje. Por ejemplo, las observaciones de Alfred, aparte de agregar humor a la mezcla, ayudan a retratar el carácter de un viejo cascarrabias que sobrevive a base de pura mala idea. Los monólogos internos de James Gordon nos dan continuamente la imagen de un hombre sabio ante las debilidades del mundo (y también las propias), con demasiada compasión por sí mismo a cuenta del trabajo que realiza, pero una compasión engañosa que le hace imposible hacer cualquier otra cosa. El diálogo influenciado por la charla californiana prototípica de Carrie Kelley es una alegría constante, mezclado con algunos duros sarcasmos ​​implícitos. Su rapapolvo a ritmo de rap a los dos mutantes en el segundo tomo es un tour-de-force menor del diálogo "hip" inventado. Para Batman, Miller escoge una forma de hablar sobria y severa que se extiende incluso a los momentos humorísticos: en sus monólogos interiores, su "voz" se convierte en una especie de encantamiento que a veces parece invocar conscientemente el espíritu de cierto murciélago de apariencia monstruosa con el que se ha encontrado una vez, antes de que sus padres fuesen asesinados, como si fuese su dios o su tótem personal. 
Con tantas historietas de aventuras a elegir en el mercado, se vuelve cada vez más difícil construir escenarios de acción que por sí mismos tengan alguna originalidad, pero también Miller sobresale en este caso. Algunas de las secuencias de Batman-precipitándose-sobre-los-punks son demasiado extensas como para tener algo de valor, pero el tercer tomo destaca especialmente, no solo por las peleas entre Batman, el Joker y la policía, sino por el momento en que, en un vuelo en un ala de murciélago perseguidos por la policía, una bala rompe el arnés de Robin, quien se salva al agarrarse en el último minuto a la capa de Batman. (El texto muestra un regalo maravilloso por parte de Miller. Batman piensa: "Las olas congeladas lamen el puerto de Gotham... como si tuviesen todo el tiempo del mundo...") 
Estos personajes que Miller quiere retratar como plenos -seres humanos completos (en oposición a unas figuras caricaturizadas)- hasta cierto punto resultan satisfactorios, lo que recuerda uno de los intentos de Will Eisner de mostrar fragmentos de episodios de la vida de los seres humanos comunes. (Por lo general, los seres humanos de Miller, especialmente Margaret Corcoran y "Iron Man" Vásquez, no están menos desarrollados que los de Eisner, pero a diferencia de los de este, se enfrentan a situaciones poco naturales.) En cuanto a las figuras caricaturizadas (generalmente todos los políticos, y particularmente el psicólogo pop Wolper y la periodista de televisión Lola Chong), Richard McEnroe criticaba a Miller en su reseña sobre el "Dark Knight" (The Comics Journal 109) de haber sofocado cierto espíritu de debate al hacer que en lugar de oponerse a Batman desde posturas racionales, muchas de esos personajes sean sencillamente ridículos. McEnroe pasa por alto a uno de las figuras centrales, la nueva comisaria Ellen Yindell, cuya oposición inicial a Batman es bastante racional (aunque no se desarrolle hasta el tercer tomo, por lo que puede que McEnroe todavía no se lo hubiese leído). Además, creo que pasa por alto la naturaleza cómica de estas caricaturas, que no están diseñadas simplemente para reírse del odioso psiquiatra y el presidente nonagenario, sino para exagerarlos siguiendo la consagrada tradición de la caricatura política en la prensa. (Significativamente, Miller no solo daña a los que odian a Batman: tal y como le señala inmediatamente el entrevistador, cuando se le pregunta a la seguidora de Batman, Lana Lang, por qué aprueba a un hombre que viola sistemáticamente los derechos civiles, ella responde con un discurso que no contesta la pregunta.) El chiste visual más exagerado aparece justo después de que se haya lanzado el misil nuclear, cuando Reagan da su acostumbrado discurso televisivo mientras aparece ataviado con un traje anti-radiación. Finalmente, en otro nivel diferente de exageración, Miller les concede a Batman y a sus oponentes más importantes (el Joker y Superman) instantes en los que reafirman su naturaleza poco realista sin comprometer la necesidad de que tengan algunas características mínimas de la "vida real" (sea el amor infantil de Batman por la película de "El Zorro", el perverso afecto del Joker por su viejo enemigo, o la fijación de Superman con el planeta Tierra, que da paso a la secuencia de su recuperación cuando se refiere a ella como "Madre".) A menos que me haya perdido algo, todo esto aglutina los ingredientes básicos que hacen que una obra de entretenimiento sea mucho mejor que el promedio. (¡Y eso sin ni siquiera mencionar las superlativas tintas de Klaus Janson y los vívidos colores de Lynn Varley!) Pero aún así, nos tenemos que hacer la siguiente pregunta: ¿es una obra significativa?

(Continuará)

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