miércoles, 18 de enero de 2017

CALVIN Y HOBBES, UNA TIRA DE CUALIDADES MONSTRUOSAS (PARTE 2 DE 3)



Por Richard Marschall para The Comics Journal nº 127 (1989). Traducido por Frog2000. Parte 1.

Los Katzenjammers hacían gala de un anárquico abandono (y su castigo partía de tensiones autoritarias), actitud que a principios de siglo pulsaba ciertos acordes. Terry Lee, con o sin los Piratas, atesoraba un elevado sentido de la fantasía y era capaz de hacer que el lector se transfiriese hacia su mundo en los días más duros de la Depresión. Caniff suministraba humor, pero también pequeñas dosis de acción, peligro y encanto para aquellos nuevos tiempos. Cuando el tarugo de Charlie Brown empezó a caminar por primera vez por la acera de su barrio residencial, su creador también era el representante perfecto de los tiempos que corrían. América ha ido evolucionando hasta llegar a una época de estados de ánimo aparentemente contradictorios: inseguridad, creciente sofisticación, cinismo, optimismo, y los Peanuts estaban allí para acompañarla. Añadamos la consonancia creativa aportada por Schulz a la ecuación, además del hecho de que era (es) un maestro absoluto de la construcción de una tira secuenciada en viñetas, y obtendremos una tira de cómic clásica, una magnífica tira protagonizada por niños.

Calvin y Hobbes es su heredera. En realidad, su brillo actual y repentino no eclipsa el de Carlitos y los suyos, porque creo que una de las cosas más admirables de Schulz es que a lo largo de los años ha sido capaz de mantener una constante sensación de diversión e innovación, mientras que otras tiras (algunas mucho más jóvenes) se han vuelto rancias. Y por supuesto, el surgimiento de al menos una gran tira no implica que los días del resto no estén contados. Por otro lado, puede que sea demasiado pronto para intentar abordar la grandeza de Calvin y Hobbes y examinar el papel de Bill Watterson en la mentalidad de la época actual (aunque de todas formas, más o menos estemos intentándolo), pero creo que no es demasiado pronto como para empezar a reclamar que esta es una de las mejores tiras de toda la historia de los cómics.

Desde la aparición de Peanuts han surgido otras tiras de primera (aunque para evitar divagaciones, renunciaremos a entregar una lista), algunas de ellas magníficas, pero Calvin y Hobbes pertenece a las grandes tiras de cualquier época, y ciertamente podemos afirmar sin miedo que cuando se escriba la historia de los cómics dentro de muchos años, se podrá comprobar fácilmente que en la categoría de tiras protagonizadas por niños más importantes, Charlie Brown está conectado directamente con Calvin.

¿Cuáles son los orígenes de Calvin y Hobbes? ¿Cuáles han sido las fuentes de las que ha bebido Watterson? El autor ha comentado que hasta hace poco no era consciente de la existencia de Barnaby, una tira cuyas preocupaciones temáticas y "asuntos" (el padrino de unas hadas, un sabio mundano, que sólo es visto como un héroe por un niño y, por supuesto, por los lectores) parecen cercanas a la relación entre los personajes que protagonizan Calvin y Hobbes. Esto favorece que las cosas increíbles de las que es capaz Watterson resulten aún más increíbles.

Intentemos por un momento apreciar el valor de la sincronía de Calvin y Hobbes con los tiempos actuales, y la comprensión instintiva de Watterson de las corrientes contemporáneas. Cuando las futuras generaciones miren hacia atrás para revisar Garfield, comprenderán mejor el perfil de actividad empresarial de los años ochenta, la mentalidad de marketing y la astuta explotación comercial. Cuando revisen Calvin y Hobbes verán (además de un cómic magníficamente elaborado) un perfil de las actitudes americanas en todas sus formas. Los "complejos" intercambios de pareceres entre Calvin y sus padres dicen mucho de las relaciones actuales: una nueva franqueza, un cariño lleno de sarcasmo, los mismos perros con distinto collar que caracterizan el enfrentamiento generacional en estos días. (El retrato de las costumbres americanas que Watterson presenta de manera humorística pero fiel es más real que en cualquier otra historieta, en tira o en cómic, y ciertamente más auténtica que (Dios nos ayude) el de cualquier familia de sitcom televisiva.) Los diálogos de Watterson siempre son realistas, y a menudo muy reales.

(Continuará)

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