lunes, 9 de enero de 2017

CALVIN Y HOBBES, UNA TIRA DE CUALIDADES MONSTRUOSAS (PARTE 1 DE 3)

Por Richard Marschall para The Comics Journal nº 127 (1989). Traducido por Frog2000.

Se puede afirmar sin ninguna duda que los niños están presentes desde el mismísimo nacimiento de los cómics. The Yellow Kid (1895) fue la primera estrella de la sección de cómics a color de los periódicos de los domingos, y también la más prominente de toda una chusma formada por chavales que pululaban por la barriada del Hogan´s Alley de la exitosa serie de cómics de R. F. Outcalt. En los comienzos, el suplemento de cómics a color estaba orientado para lectores adultos, porque aunque también estuviese compuesto por chistes sencillos, tiras y puzzles para los más pequeños, la mayoría del material de las "sundays" de los diarios de Hearst y Pulitzer estaban dirigidos a los lectores más adultos. Pero de alguna forma, en 1905 se empezó a asumir que los tebeos a color eran para los niños, y aunque aquellas secciones pioneras no siempre lo habían sido, a menudo sí que estaban protagonizadas por ellos. 

Se suele afirmar a menudo que The Yellow Kid es la primera tira de cómic que incluyó por primera vez a un joven personaje protagonista secundado por un elenco de habituales igualmente precoces, además de tener el honor de ser el primer cómic a color en los periódicos y otros tantos hallazgos, pero en realidad la tira no es pionera en ninguna de todas estas cosas. ¿Cuál fue la primera tira de cómic? Bueno, antes existía una tira que ya tenía muchos los rasgos que se le atribuyen al Yellow Kid de Outcalt, aunque haya sido olvidada con el paso del tiempo: The Ting-Ling Kids (1893-1897) de Charles Saalburg. De nuevo, también estaba repleta de niños.

Pero la primera tira, o al menos la más exitosa, con todos los elementos descritos un poco más arriba es The Katzenjammer Kids, que se sustentaba en personajes habituales e historias semanales formuladas a través de una sucesión de viñetas. Otra vez, más niños.
¡Y qué niños! Los Katzies, creados por Rudolph Dirks en 1897, no solo representan cualquier encarnación de niños díscolos de las tiras de cómics, sino que posiblemente, los propios The Katzenjammer Kids se pueden considerar la más representativa de todas. También es cierto que hasta ahora, la tira ha sido la más duradera y aparentemente la más universal. Primos ilegítimos de Max und Moritz, los traviesos niños que protagonizaban las famosas bilderbogen de Wilhelm Busch en 1865, Hans y Fritz Katzenjammer engendraron imitadores incontables en América (en donde en algún momento hubo hasta cinco versiones diferentes editándose de forma simultánea) y en el extranjero (donde además de las recopilaciones de Dirks y sus sucesores y sicofantes, empezaron a aparecer como setas versiones caseras en Inglaterra, Francia, Italia, Escandinavia y más tarde, incluso en Israel.) Los Katzenjammer Kids siguen editándose después de 91 años y es la tira de cómics más longeva de todas. ¿Cuál es su atractivo? Indudablemente se podrían ofrecer muchas respuestas a esta pregunta, pero una de ellas es que es una tira de cómic protagonizada por niños.
Durante el período en el que los cómics se estaban estableciendo como medio popular aparecieron muchas más tiras protagonizadas por niños: Foxy Grandpa y sus peleas con sus dos nietos; Poor Li´l Mose, protagonizada por un niño negro, que además fue el cómic más importante de Outcalt después de The Yellow Kid, o Buster Brown, otro chico esbozado en el portafolio de Outcalt. Por su parte, Jimmy Swinnerton creó a Little Jimmy, una tira centrada en los errantes paseos de un chaval. Más típica era The Kid, creada por F. M. Follett (titulada a veces como The See-See Kid), sobre un nene que era el calmado centro de las huracanadas locuras que iniciaba involuntariamente con toda su inocencia. 
The Newlyweds de George McManus alcanzó una gran popularidad cuando la chiflada pareja engendró a Snookums, su niño malcriado. Billy Marriner se encargó de un puñado de tiras protagonizadas por niños para el McClure syndicate (aunque se hizo famoso por sus dibujos para muchas publicaciones semanales de humor), y por supuesto, Little Nemo relataba la crónica del ensoñador viaje de un niño por Slumberland que fácilmente Winsor McCay podría haber elaborado como una estrella para lectores adultos, aunque no lo hizo. 

En aquellos primeros años aparecieron muchas otras tiras con niños, y casi parecía como si los historietistas utilizasen el desinhibido mundo de la infancia para reflejar sensaciones personales de abandono y la exploración y excitación inherentes a los más pequeños durante unos años en los que los cómics todavía eran algo novedoso, cuando los artistas aún disponían todas las semanas de páginas completas para rellenar con sus creaciones sin sufrir prácticamente restricciones, y ciertamente sin precedentes con los que poder compararse.
Pero las tiras protagonizadas por niños continuaron apareciendo. Centradas en la adolescencia, se podían encontrar Just Boy (más tarde retitulada Elmer) y Our Friends Mush (más tarde Just-Kids), o Wide-Awake Willie (que se convertiría en Reg´lar Fellers.) En los años 20, mientras Perry Winkle y su Rinkeydink Club se enseñoreaban de la página de la "sunday" Winnie Winkle, terminaron por convertirse en una categoría más del medio. Smitty era un botones, Annie una pequeña huérfana, Skippy un niño filósofo.

The Gumps
siempre fueron los favoritos de los lectores, ya que estaba repleta de situaciones vodevilescas, disputas domésticas y "soap opera", pero también fue muy celebrado que una de las tramas de la tira estuviese asentada en las pequeñas aventuras dominicales de Chester en el Oeste y su búsqueda de la Ciudad del Oro Perdida. Igual de celebradas eran las estremecedoras hazañas de los adultos que aparecían en Dick Tracy, pero en sus comienzos, "Dick Tracy Junior" tenía un enorme peso en la serie, llegando a ejercer algunas veces de protagonista principal de varias líneas argumentales. Y por su parte, Terry y los Piratas, la mejor tira de aventuras de todos los tiempos, originalmente estaba protagonizada por un crío cabezón.
Muchas tiras de aventuras de los años veinte y treinta como Tim Tyler´s Luck, Little Annie RooneyBobby Thatcher y Phil Hardy giraban en torno a los niños o eran tiras indudablemente para adultos donde aparecían niños como secundarios de peso. En la última categoría se podrían incluir tanto la tira de Buck Rogers como la violenta Red Barry, donde los "Tres Terribles" proporcionaban un elemento de interés juvenil. Incluso las tiras de cómic de aventuras más adultas y violentamente maduras se negaban a suprimir la ración de niños de sus guiones. Puede que el subgénero hubiese dejado de ser dominante, pero estaba bastante lejos de desaparecer en el olvido.

Y en los cincuenta las tiras protagonizadas por niños empezaron a reafirmarse. Puede que Barnaby, que empezó en los cuarenta, fuese la primera en vislumbrar un nuevo camino. Era una tira de fantasía muy especial guionizada y dibujada con irreprochable brillantez, especialmente atractiva para los intelectuales.
Daniel, el Travieso era un retroceso hacia la época de los cómics de niños traviesos, donde los Katzies eran ubicados en un escenario suburbial de la Era Eisenhower. Y entonces apareció una tira que es posible que no solo sea la mejor de todas las tiras de este estilo, sino la mejor de todas las tiras de la historia.

Se podría discutir (y se hizo, Al Capp se apresuró a elaborar una parodia, al igual que algunos otros autores) si Peanuts era una tira sobre la infancia o sobre unos pedantes plagados de variadas neurosis declamando párrafos psicológicos. Un despropósito. 

Yo aún era un crío cuando Peanuts hizo aparición, y esos niños me parecían muy reales. Cuando hablaban de forma ligeramente abstracta o utilizaban una sintaxis sesuda, no me daba por vencido, sino que me volcaba sobre el estilo humorístico de Schulz, o incluso sobre su punto de vista sobre la vida y su forma personal de desarrollar los gags. De igual manera, miles de lectores han absorbido la obra de Schulz sin rendirse, y por supuesto, también lo ha hecho toda una generación de historietistas.

El genio de Schulz era tan abrumador que su brillantez y su enfoque atragantó a toda la generación de dibujantes que se crió con su dieta diaria de Peanuts. Algunos han adaptado muy bien los modismos de Schulz (sigo manteniendo que Doonesbury es tremendamente diferente a Peanuts, pero en muchos sentidos (estructura, desarrollo de personajes y de los gags, todo ello, estoy seguro, que de forma inconsciente, parece una fotocopia de Peanuts), pero el impacto de Schulz también impidió la aparición en esa generación de cualquier otra tira de primera categoría protagonizada por niños.)
Los grandes dibujantes lo son a menudo porque están determinados a serlo. Trabajan muy duro para crear un producto de calidad, puramente por la alegría de la creación y porque se lo pide el cuerpo. Por eso, frecuentemente las tiras de cómic son mejores cuando los creadores al menos son conscientes de lo que están haciendo: pensando en su papel en la historia del medio, observando de reojo a sus competidores, imitando el estilo de alguno de ellos o robando sus premisas, pero también todo esto son cosas que pueden volverle loco a cualquiera, o más predecible aún, empujarle a crear una tira de baja calidad. Y ocurre muy a menudo en este negocio, a lo largo de varias décadas hemos sido testigos del exceso de gatos simplones manufacturados bajo receta.

Otra de las cosas que hace que los grandes historietistas sean magníficos es que sus creaciones hablen para (y desde) su propia época. A menudo se hace de una forma subconsciente, sin estar completamente calculado. Por lo tanto, vamos a tener que fijarnos al azar en algunas tiras protagonizadas por niños.

(Continuará)

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